domingo, 9 de febrero de 2014

Siempre hacia el sur

Siempre, siempre hacia el sur.

En la memoria de agosto las golondrinas se alejan,
los dedos del agua habitan mi frente perlada.

Siempre hacia el sur
tras ese sol de imposible conciencia,
durmiendo junto al paisaje árido,
pedregal cautivo de la lejanía.

Siempre hacia el sur
con la libertad del coyote temblando en las pupilas
como leves pájaros que aman el aullido,
las salinas o el oscuro carmesí
de los desfiladeros.

Siempre
el olor de un polvo campesino
que atora las gargantas,
que nieva en los colmillos
de la sequedad.

Siempre
el camino lento de los lagartos,
la costumbre de poblar la luz
con sus escamas de pretérito,
con sus ojos de piedra
en la llanura escarpada.

Y en un susurro
el mar,
cohibido de acentos
que son lengua cristalina
sobre acantilados de sal.


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