viernes, 18 de agosto de 2017

Deseo incumplido

Porque quería ser algo más que palabra, pupila
que ansía compartir la doblez de dos sombras
fugaces, carnalidad de mano que necesita dibujar
tu cuerpo en los vidrios húmedos, lentitud al posar
mi huella en los arcos sutiles de tu piel en calma,
un crisol de sentidos más allá de la astucia de los
verbos latentes, una opacidad que se diluya
bajo los pómulos al dulce contacto de la sed
innombrable. Quería, en fin, la vida de otro.

jueves, 17 de agosto de 2017

El hogar pasajero

Un haz de decadencia ilumina su vientre.

Puertas de cristal pálido que baten
- el níquel sucio-
como olas de aire en un túnel perdido.

Quiero anunciarme
al rostro anacrónico de una voz melosa
con la interrogación del desamparo
en las comisuras tímidas.

La escalera y su tapiz,
ya sin dibujo,
la araña melancólica de luz amarilla,
el olor a historia vencida, a humedad acre,
la correcta distinción de las paredes,
ascensores que chirrían
igual que viejos juguetes oxidados.

Y un pasillo que quisiera abrirse al presente
pero no consigue despejar la urdimbre
de su fiel opacidad.

Hace frío en la habitación abuhardillada,
el camastro quiere cantar el soliloquio de la herida,
un espejo voraz vislumbra
mi cuerpo enmohecido.

Hotel sin alma que vuelve del pasado
como una bruja que ríe.

Te olvidé y te olvido en mi recuerdo
que huye de ti y de tu noche entretejida de susurros azules.

miércoles, 16 de agosto de 2017

La jauría

Hay en mí una nostalgia de paraísos invisibles.
Es lo perdido un agua vertida que ya no me roza.
Tu cuerpo ha dejado de ser hambre de labios húmedos,
táctil resurrección de areolas febriles en noches
sin meditar o mañanas en un jardín de piel cálida.
Lo que dijimos pobló segundos de serpentinas al aire,
lo que soñamos buscó la luz en las habitaciones
con espejos que devolvieran a la realidad su materia irreal.
¿Qué fue de los caminos, los lugares al sol, la aventura
de ser color, pájaro, tigres en la lejanía de una ciudad
poseída? Adentro, en nuestra casa rota, el tiempo muere
en el tiempo y ya no quedan dalias en un balcón tapiado
por la costumbre de abandonar la risa a una jauría sutil
que enarca el marchito estandarte de la edad.

martes, 15 de agosto de 2017

Feria en Ponte de Lima



Los automóviles descansan como islas de acero.
En la arboleda grandes hormigas circulan entre
el olor del cuero, los tejidos que morirán,
las voces que invitan al subterfugio de la falsa
verdad. Los pájaros huyen de los árboles hacia
un río en calma. Es firme la piedra del puente,
la torre almenada, el ejército secular que da
una razón a la persistencia y al origen. Quizá
en el recodo que imagina el horizonte un mar
altivo se yerga hacia la luz. Siento la quietud
de las horas del verano, su brillo de cáliz
sobre el agua tranquila, el sol que siembra
un oro candente y mortal, el aire vago
de una paz sin nombre.

lunes, 14 de agosto de 2017

Poema inconcluso

El silencio no acostumbra a mentir: deja
que la pupila hable con los labios sellados.
Como en una foto que busca lo eterno,
así la intención de atrapar el instante pálido.
Lo real fluye sin páginas blancas, escrito
el día, la luz, la corriente que ansía un remanso.
Inconcluso el poema de ser en mis dedos sin ira.
La paz, la hez, el caz que alimentan mi distraída
sombra. Y yo que renuncio al yo que fui.


domingo, 13 de agosto de 2017

Como el árbol

Le debo al azar las preguntas del dolor,
la corola efímera de la alegría. Hasta aquí,
hoy que escribo evocando brumosos actos
sin remedio, la voluntad herida al no reflejarse
en el espejo de la luz, las decisiones cuyo fruto
fue el silencio de la incomprensión, el epitafio
de cada segundo que muere la vida; pienso
en la imagen del árbol, raíz que no se doblega,
tronco que resiste la humedad, el frío, el hostil
sol, ramas que han perdido el color aunque
en su piel siga brotando el brillo de la hoja,
el ramaje que orea el viento. Los años me
citan la memoria irreversible de este camino
sin vuelta. Soy roble que no teme a la estación
última. Cuando el hacha levante su sentencia
de sangre, yo ya me habré ido.

sábado, 12 de agosto de 2017

La tozudez de la lluvia



Los días son así: manto gris, lentitud,
agua que sueña.

Recuerdo ayer
como la invitación de un labio herido de carmín
junto a la noche distraída.

¡Qué azul, rojo y malva en mi boca entreabierta
cuando el acento del neón
es un rayo de blancura ágil!

Silencio que no calla en mi interior,
palabras que se vuelcan en los posos de un vaso
sin el maullido de la ausencia.

Y el roce de un cuerpo entre los pilares
o la voz que se diluye en la música
y dibuja un conjuro fatal.

Afuera llueve bajo las hojas
de viejos robles enmudecidos.

Salir a la plaza como un sol tímido
en el amanecer hostil de la luna.

Todos los días que vendrán son así: cópula,
libros envejecidos, maquillaje entre los rostros,
juventud sin mañana.

Miro el agua con su letanía de sombras
y callo como un niño que ve por primera vez
la líquida memoria del tiempo,
su infinita canción desvelada.

viernes, 11 de agosto de 2017

Dejarse ir

Es como dejarse ir hacia un sueño.

Sin un propósito,
nada más que risa y latidos de hambre
en la pulcritud del verano.

Existe la ciudad en tus ojos,
un equilibrio de puentes, fachadas rojas,
colinas de insólito verdor.

El auto es una nave espacial
que atisba los campos con alas de ángel.

Hay un gesto en tu boca
de armonía y misterio,
ilusión de metáforas para un futuro próximo
donde esperan la aventura, el descubrimiento y el asombro
de empaparse en la luz y revivir el aire
que anuncia la flor del deseo.

No hay excusa para el río que fluye con estrellas en su vientre,
solo hablar escondiendo las sílabas
como ladrones de un país olvidado.

Tú y yo en la magia de los relojes rotos
que desconocen el tiempo, la vejez y la muerte.

Así la levedad que nos une y nos traspasa
en un instante frágil como una pompa de luz
o un círculo de ceniza.

domingo, 6 de agosto de 2017

El despertar

Es la urgencia del sexo y la timidez en flor.
El vestido no puede ocultar la premura, el árbol
enhiesto de la sangre que anuncia el brote de la cadera,
los músculos alegres de la risa en labios de color,
libros dibujados con símbolos tabú que flotan en la noche.
Y los poemas azules que brincan en la profundidad
de los parques, mientras el joven-niño ejecuta su misiva
de amor bajo el sicomoro lánguido. Tiempo de colegio
y de fiebre, frenesí de una cópula solitaria en baños
de cerámica blanca, sueños que son sueños porque
nunca verán la luz opaca de las habitaciones clandestinas.
En mi carpeta el trazo invisible de un mensaje, la hoja
plegada con un dibujo de fantasía que la imagina mórbida.
Solo entonces el río incandescente de un volcán callado
que fue lava muda, hoy recuerdo de un grito que ilumina
mi vejez como un súcubo inútil.

sábado, 5 de agosto de 2017

Desterrar la palabra

Se han ido las palabras sin peso que una vez conocimos.
El mar era mar no por nombrarlo, en su cercanía la densidad
pura de un olor acre, un brillo inmóvil de espejo caído,
la pátina de la sal sobre tu vello tibio. Todo en su símil
vestía la raíz de los sentidos, sin hablar, sin la razón
metálica de las frases ni el dialogo invisible al deseo.
Decir el misterio no seduce el alba, escribir adjetivos
con la pluma rota de la imposibilidad, un “te quiero”
sin la flor de la carne entre los labios, la lógica
que no consigue encerrar el tiempo vago, la lujuria,
el espasmo imprevisto en la noche fría. Nuestra
verdad se palpa en el silencio como un ácido dulce
o una lágrima nunca viva en los iris vencidos por los flecos
de un amor insensato. Hoy la mentira es la palabra, invoca
el recuerdo ausente de sentidos, entregado a la plegaria
de rumiar la sed ya saciada, el resplandor escondido
entre la sintaxis y la pasión, la naturaleza animal de la luz
salvaje sin una mañana ni un presente que cumplir. Pesa
la medida de la voz cuando tú pliegas las llagas del tiempo
en cortas metáforas que un eco repite. ¿Dónde el refugio
que eriza la piel, la muda línea que incomoda el sexo,
la sensación de que un filo candente es la exacta imagen
de la vida? Hablemos, pues, mientras adentro oscurece la noche.

viernes, 4 de agosto de 2017

Mis cosas marcadas

He perdido todas las cosas que me nombraban.
Recuerdos de niñez, libros de páginas ajadas,
cuadros que dibujé con la pluma de padre,
los discos comunes que alguien se llevó
como una voz secuestrada. Mi habitación
ya no existe, mi huella es la memoria de imágenes
cálidas y miedos íntimos en días de sol o de lluvia
arrastrada por un aire frío y salvaje contra el ventanal
desportillado. Ya no hay espejos donde morar,
los muebles son heridas de caoba, falsos artificios
en el corazón de los salones desnudos. Nada guardo
que me lleve al recuerdo de los juegos, al refugio
de las comidas familiares, a la música onírica
que me permitía ser otro. Mis cosas no quieren
una historia detrás, aman el olvido como yo amo
el tacto invisible de su materia irreal, la firma
que un día tracé sobre su piel anónima.

jueves, 3 de agosto de 2017

¿Por qué tendría que cuestionar la vida? No quiero volver la mirada a un pasado que no duele en la piel ni palpita en el corazón, estoy a gusto en la incertidumbre del hoy que llega con sus ropajes nuevos, indiferente a todo mi existir, al antiguo y al que vendrá, dándome su mano etérea de fuego o de frío, fósil como la eternidad, vívida como un tránsito de pájaros sobre un cielo efímero. Luz y sombra, sueños y mentiras, el desnudo amargo de una decepción, el ósculo del amor, la fantasía y la ternura de los films añejos, las calles que he dejado de reconocer, las personas que han muerto sin morir, las que han llegado para quedarse en mis ojos y me dan su calor, su amistad, sus temores que reconozco míos, aunque sienta que un día pueden partir sin que yo sepa por qué. Y, también, todo lo que me ata a los días sin hambre, oscuros, neutros, repetidos en albas y ocasos, rutinarios, con su mecánica de reloj sumiso, mi trabajo, mi familia, este papel donde escribo sobre minutos que no volverán, en plenitud, consciente de la muerte, del sin valor de estas palabras, de mi respiración, de la imagen que vive ahora en mi retina y se extinguirá antes de que sea capaz de decirla. ¿Por qué, entonces, tendría que cuestionar la vida si me da a la vez memoria y olvido, un presente y un mañana sobre el que nada espera mi consciencia?

miércoles, 2 de agosto de 2017

Visillos



Me salvan de la luz como ángeles de sombra.
En la ternura del tejido se enciende la claridad
con luces de insolencia, besan la desnudez del día,
el cielo que rompe la noche con mandíbulas de hambre,
el disco rojo de un amanecer sin luna. Hay una paz
ignota en su voluntad entregada a la cópula del sueño,
a la sinrazón de la melancolía. Elijo el color y el dibujo
-beige, azul, púrpura, payasos y globos de infancia-
para que nada sea ajeno a mí, para que el tatuaje
de su piel me proteja de la ínclita luz.

martes, 1 de agosto de 2017

Enamorarse de una sombra

Tal vez perseguí una sombra que miraba.

Como necesidad de un reflejo
así la música de los gestos,
la coincidencia en el vientre de los días,
el terrible azar de los caminos sin meta.

Alma joven que sucumbe al mito del color y los abrazos
cuando el reverso del hoy
son maquillajes en las noches bárbaras,
diálogos que inventé como lazos inservibles,
detritus de una ilusión que resultó nostalgia del humo,
parabrisas que limpian la candidez
entre vínculos de niebla.

Se aprende poco de la inicial derrota,
en los espejos su imagen se superpone
y la sonrisa potencia la luz de la dualidad única.

Y no te das cuenta que es descubrir un adiós
-aunque su rostro escriba palabras de futuro
y las manos saluden en la distancia-
o imaginar un vida donde el corazón estalle
en burbujas de canto,
en globos que vuelen hacia un sol asesino.

Se tardan años en retratar la verdad que huye,
dejo al fin que su voz, su perfil, su cuerpo turbio,
me abandonen, porque ahora que la miro
-gastada igual que yo-
no reconozco el aura de mi infantil delirio,
ni la destreza,la gracia de su andar alado.

lunes, 31 de julio de 2017

Los latidos de la vejez

Estoy cansado de vivir en el miedo.
Fisura negra los otros, la mecánica de los días,
cumplir conmigo igual que quien arrastra un pecio.
Me lastra el ayer, sus ecos iridiscentes,
me pesa la rutina de los hábitos de plomo,
me inquieta el porvenir donde ya no estaré.
Estoy cansado de vivir en el miedo.
Y lo digo ante este mar tan libre de congojas,
sin la dirección de las calles ni el horario vacuo
de las costumbres, sin el yugo estrecho de la culpa
que me hace llorar sin lágrimas, cuando a través
de una mirada el espejo me devuelve una figura fugaz
que oculta su ansia de luz. Estoy cansado de vivir en el miedo
que no soy yo, que es esta sombra que me cubre
como una capa de espinos.

domingo, 30 de julio de 2017

El puente

Son como una mano extendida a la paz.

Se trata de unir riberas, barrios,
voluntades con la firme ilusión de lo eterno .

En su medio, después de los pasos indiferentes,
el aire golpea los rostros que miran la turbiedad de las aguas,
el fluir cansino de esta vena que ensanchará el mar,
la huida juguetona de los peces hacia la sombra del puente,
el murmullo casi inaudible del tránsito,
la ciudad que espejea como una luz borrosa
en la piel líquida del río.

El día está gris, lo atraviesan pájaros
que circundan los pilares sin detener el vuelo,
asomado al pretil las barcas fluyen en silencio
con luces rojas en los mástiles.

Yo sé que no hay tiempo ni lugar,
el puente está en mí como una isla imaginaria
o un hilo sin fin que viaja en el recuerdo
hasta las urbes serenas,
hasta la fidelidad de las estatuas
bajo la penumbra de las horas vacías,
hasta el instante en que fuimos efímera extensión
de su historia impasible.

sábado, 29 de julio de 2017

Primer día de vacaciones

Parece que hubiera más horas en el sueño de vivir.
Nada que aguarde la presencia de mí con la meticulosa
mentira del reloj, nada del frío y de las luces apagadas,
nadie que me acompañe en el mediodía de los cafés
cuando el desahogo son historias cercanas, sucesos
de telediario, miedo al futuro. Hoy la luz es un mirlo
en el ventanal, entre las sábanas el desnudo de los cuerpos
late bajo una pátina de hilos invisibles, el calor asoma
su rubia cabellera en el dibujo de las cortinas, el silencio
somos tú y yo con las alas crecidas. Está escrito el verano
en tu pecho de albor; yo imagino olas en tu vientre,
un césped húmedo donde el sol ocupe un triángulo
cálido junto al mar de tus ojos, en la espesura
abigarrada de un tiempo infinito.

viernes, 28 de julio de 2017

Acercándonos

Chove en Santiago/meu doce amor.
Federico Garcia Lorca


Hay otra lluvia en el corazón.

Creer o descreer son láminas en los bolsillos,
vacías como una pregunta que aún no he pronunciado.

Este cuerpo tiene sus hábitos de hambre y pasión.
Un nombre, una imagen, letras que inventan la luz
en los párpados imberbes,
roces al cruzar escalinatas de musgo y gris,
ecos en los claustros de gárgolas invisibles
entre ramajes de espino y fuentes mínimas.

Afuera el agua inhibe la pulcritud de mi sombra,
paraguas sin color bajo las arcadas,
espejos en neblina detrás de cristales impíos,
abrigos que son rumor de sábanas
contra el aire y su caricia.

Otra vez salgo a la vida con un mensaje mudo en los labios,
soy ojos en la penumbra
cuando te veo en la estación abstraída de ti,
ajena a la canción de los trenes,
al pálpito cansino de los equipajes.

A la llegada la ciudad nos guía,
ciudad de luces pálidas y automóviles negros.

Te hablo con la voz de los héroes,
las palabras quieren ser testimonio de una edad infinita,
los pasos desdibujan el ciclo de la timidez,
se entregan a ti como rutas que voy abriendo
con las rodillas en flor del deseo.

Vuelve la lluvia y mueren las hojas del otoño,
en el silencio de las tardes
las chimeneas confunden su estela
bajo la oscuridad plomiza del crepúsculo.

A mí me bastan los hábitos de la incertidumbre
para sentir de nuevo esta humedad de sangre
que me inclina sobre la luz en tránsito,
sobre la guirnalda con que te imagino desnuda,
con tu piel que mi índice va surcando
hasta el frágil clímax de un éxtasis azul.



jueves, 27 de julio de 2017

La aldea

Al pie del río canta la vida. Extraños pájaros
que se acercan con sus picos rojos y el andar grácil.
Humedad, sombra, árboles sin miedo de que los reviente
el aire, mesas abandonadas como dólmenes anacrónicos.
Soy la risa que se diluye en la algarabía, la campana
de la iglesia tañe la luz, el silencio es un hongo que crece
en el color. Días de verano junto a las espigas al sol, días
de mirada animal, dulce la leche que olea en los cántaros,
los huertos fructifican la raíz con los dones de la tierra.
Palabras mudas que se escriben en los gestos de hombres
y mujeres sin voz. Por la tarde arranco de los frutales
su corazón de fruta aguada y me arrincono en su sombra
igual que un niño feliz. Doy vueltas con mi bicicleta amarilla,
subo las colinas, transito el pedregal, llego al valle y descanso
de mí. Es un recuerdo lo que aquí escribo, es la fuerza vívida
de una edad que niega el paso oscuro de los relojes,
la mirada transida de una nostalgia que fluye y fluye.

miércoles, 26 de julio de 2017

Julio 1976

La amistad es una ola que destella.
Nuestro territorio la playa y el dique,
escopetas que disparan entre las junturas
donde asoman los hocicos de viejas ratas
marinas, al atardecer del verano los reflejos
en los tubos rojos de las bicicletas, las jóvenes
y sus pieles de sal, el olor de las barcas
a pescado azul. Desde la habitación el mar
oscurece, de pronto golpea bravío las rocas
gastadas. No sabía, entonces, que sería el último
julio de nuestra amistad. La playa sigue allí,
imperturbable.

martes, 25 de julio de 2017

La planta



Alguien te la compró como un gesto de amor.
Tú la colocaste sobre un plato de cristal a contraluz
de la ventana en el lugar más íntimo de tu habitación.
Al amanecer miras la frondosidad de las hojas,
las flores azules, la esbeltez del tallo. Y piensas
en un rostro que sonríe o en una caricia sobre el pelo,
suave como las alas de un pájaro. Y quieres ser
esa planta que absorbe la luz, el agua, sobre la firme
pasión de la tierra. Y quieres ser vida, no aquí,
entre las sombras, el humo, las voces, la insipidez
de los electrodomésticos. No, tú quieres ser flor
que brota, infantil, bajo los árboles del bosque,
en el amarillo tenue de los campos, entre jaras,
espigas o jardines amantes, al aire y al sol
de las estaciones, en la palma de una mano
que amorosa te cuida como si fueras un capullo
que ha nacido para la alegría y no para el dolor.

lunes, 24 de julio de 2017

La mano



Contigo la suavidad, la fuerza y el temblor.
Escribes por mí los sueños, la añoranza, la magia
de la razón sobre la tinta azul de una frase,
la línea que se muestra a unos ojos desconocidos;
dibujas el vuelo de la caricia o del furor, quizá el cansancio
cuando te tiendes rota y descansas en el aire indiferente.
Contigo lo que soy en las cosas cotidianas a cada
segundo que labro el tiempo fugaz, contigo esa música
de los apéndices que en su delirio teclean la luz, contigo
la delicadeza de rozar la piel amante en las noches pálidas
de la huida. En tu compañía he raído palmas, he enjugado
lágrimas, he compuesto los días de labor y silencio. Igual
que yo envejeces, las uñas ajadas, la dureza de las venas,
la profundidad de los surcos que imaginan vida. Hoy quiero
ser el anillo grabado en tus falanges, allí dice que eres
este poema sin nombre que te arrulla y te palpa
como una madre tierna.

domingo, 23 de julio de 2017

El poema que he podido escribir

Te debo un poema,
claro como la luz que fuimos.

El cruce altivo de los ojos
dibujó en el silencio un clavel ambiguo,
la palidez, el verde de un iris tímido,
el perfecto anclaje de las piernas,
tus rodillas igual que bocas o suburbios.

Hablar, sí, para que la niebla no crezca
junto a la mica y las habitaciones oscuras.

Ven al cine, quieres, que era como decir ven a la noche
y sus teatros húmedos.

Al principio el impulso es fragor
y torrente de piel e islas remotas,
manos que antes no habían conocido
la táctil rosa del deseo,
labios que ya no esconden su saliva fúlgida
entre los pliegues de otros labios huérfanos.

El amor es un territorio de flores brillantes,
un arco iris al que le ha nacido
el color de la esperanza.

Es inútil vivir en el tiempo real de los horarios,
la eternidad fluye como un rayo sobre el mar de la juventud,
la alegría exhibe su alas
que al final quemará la pasión.

Y después los viajes, los planes,
el futuro hasta el hoy
y la memoria del agua en las hojas,
la fatal fugacidad de aquellos días azules,
los veranos fértiles de vida.

No es este el poema que quería escribir
es tan solo el que he podido escribir
para ti, para nosotros.

sábado, 22 de julio de 2017

En el metro

Otra vez aquí, ajeno al tiempo, soldado a la sombra que dejé.
El silencio es un aire que tizna los labios con preguntas sin voz.
Cada cual vive su perfil, en la pantalla de los móviles un mundo
de colores seduce las pupilas ciegas, libros que son pensamiento
de otros capturan la realidad con palabras insólitas, los personajes
ambiguos tienen la forma de un latido, los lugares en el papel
imaginan tacto y solidez. Yo pienso en el futuro al ver los rótulos
de las estaciones, la música arrítmica de las vías es un tamtam
africano que no sé dilucidar, levemente diez ojos de paz estéril
se posan en mis ojos sin que exista una razón o una necesidad.
Se abren y se cierran las puertas, es otra la gente y no hay niños.
Línea uno hasta el final de qué, hasta el principio de dónde.

viernes, 21 de julio de 2017

Tres ciudades

El viaje como metáfora de madurez. En mí
lo que imaginé y vi: ríos, plazas, calles angostas,
iglesias negras, gentes que hablan, ríen, se esconden
bajo paraguas o caminan entre luces desvaídas.
Cada ciudad exhibe un alma distinta, en todas
predomina un color, huelen a pasado, sus edificios
guardan una pátina de historia que no sé descifrar.
Praga, Londres, Lisboa…lugares grises, lentos,
sin la edad del futuro ni la gloria del hoy. Recuerdo
la emoción de pisar sus avenidas, los museos
que tantas veces soñé, la presencia inmortal
de quienes labraron el mito como una voz
en silencio. Qué extraño saberme allí, mirando
las aguas oscuras del Moldava, los tejados rojos
de Lisboa, la torre y los puentes de un Londres
invadido por el miedo. Que no termine nunca
el instante en que la luz vive para mí como
un fulgor de imágenes, como una eternidad
efímera. Y es cierto que es así, de lo contrario
jamás habría escrito este poema.

jueves, 20 de julio de 2017

Canciones

Te acompañan como ecos, susurros o latidos.
Guardan mensajes en botellas mágicas, palabras
que convidan al amor y a la muerte, danzas en los labios,
recuerdos de pasión. Escribí sus letras en papeles blancos
cuando los primeros aires del deseo habitaron mis días,
baile sus ritmos de azúcar en salones oscuros, comprendí
los versos del poeta en la voz musical del destino.
Fueron cómplices de la intimidad entre los rostros
y la noche, incitaron a las confidencias como un telón
que cubriera la desnudez infantil de un propósito.
Me regalaron vuelos inalcanzables con sones y estribillos,
con guitarras álgidas de cuerdas azules. En los momentos
tristes en que sucumbo al dulzor de la nostalgia vuelven
las canciones que amé, lo que una vez viví entre sus inagotables
acordes, la mirada que te busca mientras al fondo suenan
los viejos cantautores que ya no existen.

martes, 18 de julio de 2017

La lágrima



Asoma quieta, sutil, como un beso de agua.
Tiembla en equilibrio sobre un dolor candente,
palpita en el corazón de las pestañas, busca
un nido donde recibir el abrazo de la comprensión,
la sonrisa que calme su caída. Pronto romperá
igual que un río que brota cálido y muere en los
acantilados de la piel, en los pómulos del olvido.
Al pasar deja un rastro de humedad rota, le espera
el refugio de la comisura, ese lugar donde saliva
y llanto forman la palabra o el grito, el temblor
de la desdicha o la paz del silencio.

Espejos

¿Qué es lo que guardan detrás, cuándo nadie los mira,
en el silencio de la noche o en el abandono de su necesidad?
Los hay amigos porque nos hablan y nos confirman la luz,
algunos se han acostumbrado al tránsito de los hoteles
que pone en los rostros un aire de ausencia o una clandestina
pasión de albas. Nunca saben quién estará delante, son amables
con los cuerpos que día a día se asoman a su espacio, indiferentes
en los lugares donde su identidad es el número, la colectiva canción
de las fórmulas escritas o de las voces comunes. Han visto lágrimas,
vítores, largos silencios cuando los ojos se fijan en los ojos
y no encuentran razón ni por qué. Hay quien piensa en ellos
como amigos mudos, otros odian el reflejo que conceden,
la reproducción del dolor, la fealdad o el recuerdo de haberse
mirado en la plenitud de la vida. Algunos les hablan o creen
ver la ternura, el amor, lo desleal de cientos de rictus improvisados
ante su fiel intimidad. Para mí son atisbo de la fugaz estela
de los relojes, solo dan fe de la huida del tiempo, cada día escriben
en su bruñido vientre adioses mínimos, despedidas blancas.

lunes, 17 de julio de 2017

Al lector

Escribo para ti que no me conoces.

Escribo de mis cosas que quisiera también tuyas,
no reproducidas como una calcomanía,
sino leves, volátiles, símiles,
igual que los días y los años fugaces.

Porque los dos hemos soñado
con alguien que no nos quiso,
porque hubo en nuestras vidas
aventura, dolor, luz, azar,
cantos de felicidad y plenitud.

Porque en los capítulos nos buscamos
como supervivientes de un naufragio en un mar lúcido.

Porque todavía existen el temblor y la emoción,
la incógnita y el oropel, la lágrima y la sonrisa
que nadan en las letras de un poema que te nombra.

No me leas como si yo fuera alguien,
no soy más que la mano que dibuja en el aire
tu anhelo o tu esperanza, un círculo donde habitan
la memoria y el futuro, las ilusiones y las derrotas,
el amor y el odio, el sexo y la renuncia,
todo lo que hemos tenido y hemos perdido en la batalla.

Escribo para revivir lo imposible,
para que quizá tú me oigas y este susurro sea una luz
en el espejo de tus noches, en la cúspide de tu silencio,
en la lectura con que te alejas de ti y por un momento
te acercas a mí o a mi sombra.

domingo, 16 de julio de 2017

Libros



Estáis ahí, dormidos,
con lenguas que quieren hablar,
tatuados por el pensamiento, la imaginación,
la vida.

Todos guardáis un mensaje de luz
entre los pliegues del papel,
en las pausas de los invisibles capítulos
que no se escribieron,
bajo las velas derrotadas
o la prisión de la mudez.

Poseéis nombres, historias, sueños,
mundos que supuran verdades paralelas
a la realidad simple de las horas.

Me habéis acompañado
como hadas que juegan con el tierno asombro de la infancia,
con el ansia de universos de la juventud herida,
con el lento crepúsculo
que hoy me habita.

Os leo sin memoria,
como si fuera alma, espectro o ausencia,
necesito el tacto, el olor,
la visión de unos caracteres que esconden oasis de pasión,
de aventura o de crónica.

Como amantes fieles esperáis la noche
para susurrar vuestro delirio de cristales azules.

Venid hasta mi mano,
descansad en mis ojos, habladme sin tregua,
sonad como una letanía
que puebla el corazón de acordes invisibles,
mimadme con la voz
que no cesa de inventar los días
para ser todos los hombres que no fui.


viernes, 14 de julio de 2017

La carta

¿A quién dirigiré esta carta ignorada?¿a mi ayer, al que fui, a su sombra?¿a ti que un día me acompañaste sin que ni tú ni yo comprendiéramos la plenitud de lo efímero? La tinta es como la sangre del silencio, se derrama en la memoria para ser luz compartida, territorio común de las bocas mudas, letras que encienden la mirada con imágenes que reviven los paraísos o los infiernos del pasado. Aquí estáis, padre y madre, como dos hélices que no cesan de girar sobre la calidez, la ternura, la incomprensión de la distancia que no recorrimos. Aquí los hermanos y sus juegos fértiles, las hermanas como ideales de juventud cuando la rebeldía era un músculo y la utopía una flor. A vosotras, mujeres que quise, os escribo con el sexo en la mano y el susurro en los labios para que entendáis que una frase es un mito donde vosotras encarnáis la fatalidad de las diosas múltiples, el desdén del oro agrio. A los amigos que tuve les regalo un punto final, la vida nos lleva en su cresta y allí reímos, elucubramos, soñamos a la vez, sobre una ola que muere al filo de una playa solitaria. A todos os pido perdón, esta misiva sin remite leedla como un anónimo abrazo de aire, como las ascuas de una hoguera donde se han escrito los hechos desnudos del azar y del olvido. Os saluda atentamente…

Te he vuelto a ver, amiga mía

Tu pequeñez es un contrasentido.

Porque alzas la voz,
ríes como si atronaras las manijas del tiempo,
se mueven tus manos
cruzando el aire de pájaros invisibles.

Tenemos los mismos ojos oscuros de la derrota,
tú igual que yo sabes que el hoy se dibuja
en los caminos tapiados, en los cielos sin hogar,
en la lejanía de los paisajes verdes.

Pero te asomas a las ventanas
con la esperanza vieja de los renacidos
aunque detrás no exista la luz del triunfo
ni el laurel de los cuerpos vigorosos.

Me llevas a los sábados sin luna
como si me hubiera perdido entre las esquinas,
la multitud o el cansancio
de una meta extraña.

Te escribo para que no olvides
la fugacidad de aquel encuentro
entre semáforos y calles pintadas por el festín
de la adolescencia o la juventud insomne.

Con los años te vi en la ciudad marina,
el pelo blanco, el andar fósil
de las palomas heridas.

Lo mismo que yo y mi sombra
que persigue a la hembra que quisiste ser
bajo el parasol de la compañía frágil.

Si alguna vez tu mirada me busca
que sea en la nostalgia de los atardeceres eternos,
en esa línea del crepúsculo que vive dentro de este corazón baldío.

No somos un nombre,
somos el efecto gris que guarda un resplandor
de olas encanecidas,
una lengua con la que hablar juntos
a la misma muerte.

jueves, 13 de julio de 2017

De cuando estudiábamos juntos

Solo conocíamos la inocencia del mundo
hasta que tú apareciste y nos enseñaste
el poder del sexo.

¿Fue, quizá, la arquitectura
de esos meandros que tan fácilmente mostrabas
la línea donde los ojos fluían, el sinfín del tacto
al copular con la piel, el botón altivo de los senos:
azabache, rugoso, insinuante?

Después las citas con los oscuros libros en las manos,
el tránsito diario por esta ciudad
que nunca acabé de recorrer,
la memoria ejercitándose en los viejos pliegues
de los artículos y la justicia.

Al mediodía la arboleda,
el café como una pausa tácita,
el tráfico y el deseo
que no sabe exhibir su bandera,
la rutina de los diálogos heredados,
los fines de semana cálidos
como una lengua húmeda.

No fui el río que esperabas,
tal vez sean los artificios del éxito
quienes eligen tu patria.

Te pedí hablar con el teléfono en la boca fría,
demasiadas veces tu cuerpo vibró en los azulejos,
tembló en los licores sin sed.

Todas las despedidas huelen a humo,
en cualquier adiós se marchitan
las flores del futuro.

Vuelve a tu casa
que a mí me espera el último autobús rojo
que enfila el corredor de la noche.








miércoles, 12 de julio de 2017

El exilio marino



Hasta aquí una extensión de tiempo y magnitud.
Nace el niño con dos velas en los ojos y unas alas
por crecer. Para nosotros es el círculo del reloj
quien incrusta sus horarios como un gong frenético.
Hay que viajar hacia otras colinas donde casas
indefensas se esconden tras las galerías del puerto,
bajo un olor a alquitrán y un rastro de peces moribundos.
Estaremos bien aquí, me digo, pero solo es una pregunta
que lanzo al mar como si lanzara una piedra pulida.
Juan llora y ese hábito se instala en la noche.
Las paredes de este hogar son inhóspitas
y el agua rocía la caoba con miríadas de adioses.
No me acostumbro a caminar entre calles que pronto
terminan al pie de brezos, pìnaza y una sutil melancolía
de sendas olvidadas. Esta gente no conoce otra cosa
que la bravura de un océano blanco, la aspereza
de los huertos y el fulgor del vino en los labios.
Y yo sé que aunque regrese a la ciudad de mi ayer
llevaré en mi interior un gusto de sal, una locura de arena
y una extraña añoranza que no puedo definir ni quiero.

martes, 11 de julio de 2017

La lluvia y la palabra

Siempre espero a la lluvia.

Entonces te propongo el refugio de los bares
donde saciar la sed de la palabra.

Me gusta dialogar contigo,
tu pensamiento bendice la luz,
tu voz me acaricia sin que tú lo sepas.

Da igual si la distancia entre los dos es proximidad,
en la penumbra o junto al ventanal,
rodeados de cuerpos que son como nosotros
-juventud álgida, misterio y noviembre-
hay un hilo que nos une desde la cintura del mar
a los altos edificios de la historia,
una forma de entender el olvido que seremos,
un crepúsculo todavía henchido de claridad y asombro,
una pasión por los cines baratos,
la decadencia y el sueño de los poetas mudos
que pueblan el silencio de las miradas.

Podemos hablar de cualquier cosa que tú quieras,
lo que digas ya lo escuché antes,
lo que vayas a decir será lazo, flor,
también ceniza que el tiempo va dejando
entre las ropas de un vestido azul o un colgante de plata;
entre tu boca simple y mi corazón rebelde
no existe inmortalidad, solo efluvio,
un aire en tránsito que se aleja.






lunes, 10 de julio de 2017

La vida que vendrá

Abre su boca la vida. El mundo no es pequeño,
el futuro nadie lo ha dibujado todavía. Desde la sed
del tren la tierra germina en paraísos de verdor,
bosques impíos, lagos de cristal. Soy un cuerpo
virgen que se entrega a la luz como un neonato sin patria.
Me dicen que la isla no conoce el frío, ni la prisión del aire,
ni el aliento de la lluvia. Ahora mientras leo este libro y su desdicha,
una figura se recuesta indolente contra el plástico ajado del vagón.
Ese alguien me enseñará la ciudad en un destello antes del volver
al orden y al color. Hacia atrás el viaje no crece, se recorta
el perfil isleño como un signo de piel en una gota inmensa.
¿Aprenderé a caminar con los fardos en mi lomo, lejos del recuerdo,
desnudo de historia? Escribo cartas con letras azules que abandonan
el papel igual que gusanos torpes. Mandan en mí con palabras
que se entrecortan, incoherentes de ser. Veo en una fotografía
mi tez oscura bajo el resplandor de un neón oscilante. Todo
el mar es una lágrima inmensa, sentado en la playa las horas
fingen un retorno sin voz. Enciendo un cigarrillo y me fumo
un pedazo de vida.

domingo, 9 de julio de 2017

La luz de M.

¿Eres tú quien amanece cada día? Como ágil pájaro
del silencio que huyera de la noche o piel que brilla
en el suburbio de las paredes sin voz, así el tránsito
de tu cuerpo por la ciudad en contraluz. No hablarás
y si hablas un coro de mimos ahueca el aire, no consigues
otra armonía que la faz de una espalda vibrante,
tu música es un espejo de ámbar donde el perfil
que dejas en al azogue me sonríe ausente. Cuando
el pasillo se abre los pasos del adiós reverberan
y ya no eres tú la presencia infinita, ahora te has
convertido en pulso que relumbra su vuelo sin las alas
de la rutina ni la vejez de los relojes que solo esperan
tu regreso.

sábado, 8 de julio de 2017

La habitación poseída

Siempre queda un pedazo de mí en la habitación.
La última palabra que dije, mi aliento, la mirada
de las cosas, la luz perdida. Hay un rostro que olvidé
en el espejo, un pasillo que aún recuerda mis pasos,
la llamada de un teléfono que no repite los sonidos
de la noche. Otras voces se superponen a la mía
como escritura en las paredes o eco en los cristales.
No vivo solo, existe un mundo en los cuadros
que es un ayer perdido. Cada vez que cierro
una puerta los ángeles callan, las sombras ríen.

viernes, 7 de julio de 2017

Ciudad marina

¿Cuándo imaginé el mar que me acuna?

Es real su lengua sin ansia,
su calmado visaje de junio,
su bravío ímpetu tras el soplo del invierno.

¿Qué sería de esta ciudad,
cuál el abrigo de una piel esbelta,
dónde la memoria del huso,
la cintura en que la tierra
se deja besar por la ola amante?

Siempre busco los jardines de su vientre,
arbóreos como un tapiz de copas símiles
que se arrullaran contra el viento
o sudaran la sombría gratitud
de un nido indócil.

Gritan los marineros la bienvenida del amanecer,
en la proximidad de la bocana,
reverberados por las primeras luces
que hallan su isla en el cristal pulido.

A la vera de las plazas,
en las agujas de las iglesias,
rotas las fuentes,
mientras dormitan los bares su vastedad de arrobos
un desdén de círculos es mi pensamiento.

Porque la madrugada
como una flecha unívoca solo permite un destino;
no hay vuelta atrás,
mi cuerpo sigue ausente en un frenesí de callejas,
altivos los cruceros,
quejumbrosas las junturas de este firme cargado de siglos
donde resbalan mis suelas carcomidas por el roce perpetuo de los pasos
hasta el muro,
hasta que de nuevo el mar
como un sirena terrible me invite a la espuma,
al arrobo del faro
que no cesa de destellar su auxilio.

jueves, 6 de julio de 2017

Tu presencia

Demasiado fugaz tu cuerpo ido. No quisiera
que los lugares fueran imagen perpetua de algo sin ti.
El recuerdo necesita la prisión de una voz, el alma
de un latido, la testuz de la carne, para revivir
con la fuerza que aniquila la muerte. Por eso
naces cada día de la claridad, te aposentas
en la casa con la virtud del aire, dialogas conmigo
sin un verbo real ni un adjetivo simple, sin la ternura
del amante ni la pasión de las bestias que embisten
a la noche. Toda tú silencio de hojas caídas,
trino débil que susurra en mis oídos la frase dulce
de un rumor que sosiega la inquietud de no tenerte.

miércoles, 5 de julio de 2017

Castilla(paisaje estival)



Es hermosa esta pasividad descarnada. El paisaje
solo admite un color, la mies y la espiga se cimbrean
levemente con el canesú de las novicias, pájaros
que acribillan el azul desde el silencio de sus alas,
a contraluz del tiempo, dibujan signos de complicada
perífrasis que me esfuerzo en comprender. Hay
en la soledad de los campos una magia antigua
-líneas eléctricas sin vida, paredes de adobe desportilladas,
el riego de las arañas metálicas, la escuálida dignidad
de los ganados-de hogueras extinguidas, firmamentos
de luceros, serpientes bajo túmulos perdidos, herramientas
como estatuas olvidadas en medio del perdón. Y un horizonte
que imagina el agua de los espejismos en la claridad perpetua
del verano. Tú y yo somos retina que viaja en este auto inmóvil,
un aire vencido por la canícula que asfixia nuestra mirada
como hierro fúlgido o cruz que arde en la fóvea de los iris.
Estamos llegando, amor, al paraíso de las huríes, al vergel
donde habita la sombra de los exiliados. Aunque tú no lo veas,
y yo solo sueñe un oasis en tu nuca perlada, en tu húmedo labio.

domingo, 2 de julio de 2017

En la Residencia de estudiantes

Jaula de piedra que llora juventud.

Contrasta la indiferencia del mármol
con las voces, la gimnasia y los cuerpos alegres.
Escalas de armonía son los latidos del futuro,
su ansiedad no existe porque cada hora
estatuas y gárgolas rezuman lágrimas de agua bendecida
-falsos techos como cataratas de onírico fluir-.

Apenas hablo misterios,
soy transparencia lábil,
un muñeco sin alas que seduce al azar.

Todo se enfría en su olor mecánico,
las limpiadoras nos regalan flores mágicas de alhelí,
el estudiante vigila sus libros
porque en ellos está el aliento del devenir
y no quiere la duda ni la miseria del padre.

¡Qué insólita la costumbre de los pájaros
cuando suicidan el oro de las ramas
por un gusano exhausto o una miga preñada de sol!

Mi habitación no guarda latitud,
a veces se encoge y es un mínimo gorrión,
otras se abre como vientre fértil
contra las cenizas que aventa
la bruja de este camastro atemporal.

Sueño mapas de tinta invisible,
escribo letras en un pasquín
con los mofletes de Mao brillantes de charol,
muertos como la utopía.

Y salgo hacia las calles desnudo de ayer
igual que un recién nacido que balbucea tu nombre,
tu nombre que no conozco
aunque ya lo espere en tus labios sellados de mercromina y azur.

sábado, 1 de julio de 2017

Ciudad negra

Amplia, sin horizonte, la ciudad.¿Qué busco aquí?,los bolsillos
pesan, la línea que me dividía se ha quebrado en ramajes,
las palabras volaron como briznas de una hoguera húmeda,
solo los ecos de los rumores-comidas bajo la luz artificial
de noviembre, la letanía de de unos labios que nunca hablan-
contra la memoria del silencio que transita mi sangre apócrifa.
La ciudad es un zoco que vende arco iris, escoria y fatalidad.
Yo lo sé, sé que llego a su portal de voces heridas, a su olor
de detritus sin patria, a su indiferencia de madre apóstata
con la ilusión de las hojas imberbes y el corazón virgen
de las crías de pájaro. Por eso mis pies no cesan de caminar
por sus calles de ámbar, balcones cerrados contra la claridad
inservible, gritos que aterrizan sobre baldosas mudas mojadas
por el sueño de los cómicos. Teatro de vida la miseria que tatúa
el corazón de la urbe, su abrazo clama por el humo blanco
de los príncipes. Humo negro el latido de su noche en mi sed.





viernes, 30 de junio de 2017

El sueño de Sherezade

No acaba de crecer el día, este gris dibuja una pátina
de sombra en la timidez de los huecos, en el televisor
y su negritud, en la alcoba mortecina-el dosel recogido,
las molduras gastadas como ribetes sin luz-tu cuerpo inane,
abrazado a sí, hembra que sueña con el paraíso invencible de las olas,
los juncos altivos, la flor naranja en los párpados, la respiración clara
de una paz sobria que te posee como una nube. Y los retratos
donde yo existo en un ayer de risas para que al verme aún
puedas bailar las danzas de la alegría múltiple, en banquetes
de amistad bajo los robles y las acacias, con la música de los insectos
estridente y coloquial, néctar en unos labios fijos en ti, en tu otro surco
que engarza mi humedad con la tuya, festivo el licor que se escancia
en los vasos para que viva en ellos nuestra ternura de infantes
que amaran sin fin las mejillas mojadas de una madre ciega.
Sé que duermes porque me nombras desde los círculos de la juventud
y hay en ti vestidos rojos, piernas moldeadas, pechos que se alzan
como pérgolas infinitas, una página de papel en la que vivir tú y yo
para siempre los episodios de las mil y una noches que nunca cesan de pasar.

jueves, 29 de junio de 2017

Hijos de una ciudad indiferente

Animal vivo la ciudad, su eternidad me niega
porque soy tiempo fugaz que pisa su piel,
ama sus rostros, siente el abrazo de sus plazas
igual que un niño frágil. Sonríes tras el aire
que el poniente va filtrando por las calles vacías,
contemplas a quienes te contemplan desde la seguridad
de los vidrios con la incomprensión de la lejanía
en los ojos y un sudor frío en las manos. Nosotros
no hemos nacido para las sombras, nos puede la luz,
el color y las palabras que la ciudad susurra, cuando
pisamos esas losas vestidas de siglos un quejido de entrañas
sube por nuestros cuerpos como metal amante, savia virgen
que fluye de una extremidad a otra, hasta un pensamiento
común y una mañana donde habitar esta lujuria de océano,
ese faro inviolable cuyo haz no muere, las calles estrechas
y lánguidas, húmedas como un beso, despiadadas como gatos
furtivos que se alejan con el sigilo de las brujas en el silencio
perenne de la noche. Así es la ciudad que ya no existe, tatuaje
inmemorial de un sueño que una vez vivimos, árboles nosotros
sin avenidas ni parques en que morar, raíces que hoy no encuentran
tierra donde saciar una sed fósil que aniquila con su olvido impasible
el corazón de los recuerdos.

miércoles, 28 de junio de 2017

Padre, deja que siga mi camino

La descendencia vive sin raíz. En un mapa escrito
en la pared se descubre la singladura virgen que vendrá.
El dios en la ventana, la música que repiquetea en los dientes
igual que un gong sin nombre. Ríos infinitos, levaduras
que son caída por la ladera sur de un estigma, los ciclos
nunca revelados en los espejos, la cicatriz que cada quién
oculta entre sus palmas. Y el ventrículo izquierdo donde
nace la razón, y la válvula que abre en canal las esclusas
de la vida para ser manantial, torrente o simple fluir
de lo imprevisto. Yo nadaré si tú quieres hasta la isla
que construiste para mí, pero después mis alas crecerán
hacia la luz, hasta que ya no sea memoria, solo tiempo
que se entrega a un destino al que no podrás acceder
desde tu torpe atalaya.




lunes, 26 de junio de 2017

Despertar contigo

Es solo una imagen lo que espero, una imagen tuya
que se superponga a esa otra imagen de ti que llevo dentro.
Me desnudo en lo cotidiano: la llegada de Milagros,
ese cuadro de luz que besa la geometría de los azulejos,
el silencio como un tapiz blanco, el olor del café que invade
mis sábanas. Pero siempre tú con la imagen de ayer
o la que el sueño me trajo desde los lugares que fuimos
(playas, cascos históricos, la lluvia lenta sobre tu piel
cuando las calles ensombrecen)como nubes en los techos
que son paisajes vivos. Este es mi día a día, sin calendario,
sin frío ni calor, eterno en su luz, pálido si tú no estás,
dulce cuando llegas a mí como una imagen alada.

viernes, 23 de junio de 2017

Misiva al padre

¿Qué pensarías ahora de mí? No lo sé, quizá si tratara de ponerme en tu lugar, como padre que soy, comprendiera los motivos, las ilusiones, las esperanzas que un día pudiste concebir. La vida no se deja modelar, los hijos son como plantas que crecen hacia la luz cada uno a su manera, les trazamos un camino que a menudo recorren al revés, queremos que sean lo que no hemos sido o tal vez mejores de lo que somos ignorando que no hay valor ni referencia ni meta prevista para un alma libre. Seguramente te hubiera decepcionado saber en qué me he convertido, soy profesor en un Instituto de secundaria, no quise ser jurista como tú, recuerdo mis dieciséis años cuando me regalaste las obras completas de Albert Camús, entre las que descubrí la novela “El extranjero” cuya lectura me decidió a no seguir tu camino de juez(qué ironía, no, que fueras precisamente tú quien me abriera esa puerta de salida), y el hastío, la desorientación, la extrañeza que entonces sentí ante la existencia, tan joven, tan frágil, tan perdido ya. Y sin embargo la luz aparece en las cuevas más profundas, la amistad, el espacio inmenso de un más allá por descubrir, un germen de responsabilidad, la cercanía del sexo abierto a un futuro sin compromiso, orientaron mi norte hacia los espejos convergentes de la magia. Porque magia es amanecer después de la caída, y seguir en la circunstancia de un mundo desconocido hasta los paraísos temporales del ardor y la razón, mezclados como niños débiles que se abrazan sin tregua ni premura. Gracias, padre, por entregarme a las sombras, mi brújula creció más allá de la vida estéril que me diste. No soy nada, no soy nadie, sobrevivo entre recuerdos, en la mudez hospitalaria de lo que fui pero a veces miro a ese otro yo que enciende la descendencia como un faro antiguo. Y me ilusiono igual que ayer aunque ya no sea mi cuerpo el que transita la noche sino el de tu ignorado nieto, mi hijo.

miércoles, 21 de junio de 2017

Claudio recuerda su vida



“Aequam memento rebus in arduis servare mente”
Horacio

¿Quién es el que me aún ve así? sordo, tartajo, débil como un gorrión
enfebrecido. ¡No, la sibila que anuncia la increíble magnitud
de mi destino!. Ser pato triste entre garzas, calandria muda,
oropel que anuncia una deidad mutilada. Todo eso ya no existe,
mi niñez de bromas y desprecio, mi juventud entre pergaminos
cuando hallaba en la República una justificación a la insensatez,
la lengua y su veneno que acecharon otros soles pues mi virtud
fue la llama breve de un error. La locura en la isla de aquel emperador lascivo,
la otra locura del impredecible dios que no era dios sino cáscara de mortalidad.
Y la noria o el azar que subyugaba la voluntad de compartir con los hombres
lúcidos la imagen aristocrática de un Roma restaurada. “Soy César,
soy la noche en mis adentros”, le hablo a la sombra de ese Agripa
que al fin traicionará mi amistad , “sé fuerte, sé digno, salva al Imperio”
me susurra al oído el omnipotente Augusto desde las orillas del Hades.  
Años y años tratando de salvaguardar la memoria de la civilización,
quise la justicia, me volqué hacia los instintos más puros del pueblo,
amé a una mujer disoluta, lasciva, entregada al placer más estéril
del goce desmedido. Y fui conquistador, como mi padre, como
ese ágil hermano que en las pantanosas tierras de Germania escribió
su leyenda en la profundidad de los bosques, en la barbarie conquistada
por la luz. Mi razón fue Bretaña, la isla de la que Julio César renegó,
los agrestes acantilados que asustaron a Calígula, aquellos hombres
azules que amamantaban duros inviernos. Llega al final esta vida, tú
que nunca fuiste mujer amable manejas desde hace tiempo mi voluntad.
Sospecho que una extraña tormenta de fuego y música asolará al fin
este imperio despiadado. He cumplido, sin quererlo me han adorado
como a un dios, un Vulcano débil, cojo y mortal . Hoy sé que entre
los dioses no sobrevivirá el orgullo, pues somos mármol que la historia
ajará con sus dedos firmes de cariátide cruel.






domingo, 18 de junio de 2017

Padre pájaro

Padre pájaro que vuelas lejos y no te paras en mí.
Si algún día cuando ese otro pájaro de la muerte
vaya a visitarte un recuerdo de mí te llegue, no
me busques pues ya no estaré en tu morada, yo
también me habré hecho pájaro, pájaro de olvido.

Volar

Me gustaría que aprendiéramos juntos a volar.
Pero no ese vuelo que todos admiran del pájaro
ni el artificio metálico de un avión que cruza
el horizonte con sus alas de titanio. No, yo hablo
de esas líneas de aire que se crean con las palabras
que no dijimos, el lugar en el que el pensamiento
es una selva de árboles entrelazados y la vida
se escribe con emociones leídas bajo los focos
de las madrugadas sin sueño, ventanales donde
la luz nos habita como un duende mágico. Y es
que aunque tú no lo sepas los grandes tornados
giran en silencio después de asolar las vides, lo mismo
este corazón que tantas veces volvió al mar de la infancia,
a esas trenzas que columpiaban tu alegría de ser,
al aire que absorbí como una serpiente roja que juega
con su destino fatal, a las risas que una vez compartí
con los otros, sintiéndome yo también otro para
que tú me pudieras mirar. ¡Qué fría se vuelve la noche
cuando los recuerdos no cesan de venir! Escribo
renglones en un vidrio que siempre leerás al revés,
quizá así entiendas la inteligencia de no buscarte, mi
muda sinopsis de huida que ya no te alcanza ni quiere.

sábado, 17 de junio de 2017

Conversaciones

Así aprendí
con los pasos entre calles angostas,
bajo la humedad perpetua de un invierno sólido
como una bendición heredada.

Íbamos en grupo
unidos por el ansia de hablar de cosas irreales
-letras escritas en páginas
o comentarios oídos en ambiguas clases repetidas-
hacia el refugio de los soportales
como rebaños indóciles o náufragos
de los días con sus horas sin voz.

Y de repente comenzaba la canción de los vasos,
en bares de melancolía,
en cuevas donde la absenta brillaba
igual que una diosa en la piel del licor amargo,
lo mismo que un arma
donde la lengua escribiese leyendas irrepetibles
de un solo segundo pasajero.

Y después la arbitraria sed de penumbras envueltas
en alcohol y humo,
sin conocer la astucia de quien habla hacia la noche
para invocar su ayer.

En la lineal arquitectura de los mármoles
las palabras se vuelven mito, misterio,
hojarasca que aún no ha caído.

Me atrevo a dibujarte
cuando en el furor de la música sobrevive tu frenesí.

Todo lo dicho planea como un absurdo abecedario
que olvidaré enseguida.

Porque soy otro y ya no existo en el poso
de este vaso insomne.



miércoles, 14 de junio de 2017

Nuestros recuerdos

Lo que hemos compartido es manantial de vida
y sin embargo hay un agua
que no cesa de morir.

Somos cómplices,
nos duele la ausencia de la felicidad,
no nos acostumbramos al miedo de extinguirnos cada día
en los espejos que son una verdad sin luz,
en las fotografías para las que un rostro significa
el desdén de un presente que ya es ayer.

Hablaremos de los jardines prohibidos,
de ciudades donde creció la flor del éxtasis,
quizá de la ternura de un hijo
o del fulgor que concibió para nosotros
mil y una noches sin alba.

Todo son recuerdos que no nos necesitan,
su razón vive en la nostalgia
de dos círculos perennes.
Dos círculos que se entrecruzan
aún después de habitar el olvido.
Dos cuerpos que ya no se reconocen
más que en la memoria
frágil de la senectud.

domingo, 11 de junio de 2017

Carta de Lord Henry a Dorian Gray



Nunca pensé en la perfección o la inmortalidad.

Un cuadro es solo un dibujo
que la inconsciencia del pintor dimensiona.

Si fuiste tú este dios de perfiles de asombro,
si la vanagloria del pincel encuentra un mito en la noche
y rescata de los misterios
la insoluble candidez de lo eterno
no me culpes.

Tú que entre las frases has adquirido
la forma del mármol,
tú que ambicionas una máscara
que no elija entre el hoy y el mañana
podrás inventar una luz que nunca llore,
que sea la linterna que resucita el mundo,
con su fulgor sin sombra
y sus cánticos alados.

Todo jardín necesita la plegaría de la vida
y qué es la vida sin un don,
el placer que se arrodilla ante un labio,
la proximidad de los cuerpos
que buscan su centro incólume,
quizá la insolencia de la humana desdicha
o la debilidad que asoma
en los corazones entregados.

Ninguna de esas mujeres
comprendió la felicidad de una llama eterna,
solo fueron candor o deseo,
el insomnio tras la aventura de poseer
una piel que va a morir
después de haber probado tu ceniza.

En la memoria de este cuchillo
quedará la locura de una belleza sin molde,
la sospecha de que existe una doblez
que te mira desde el suelo,
roto el lienzo donde la muerte confunde
el frenesí de un pacto que al fin arrastra
en su alud tu miseria.

jueves, 8 de junio de 2017

Cierto mar

Está tan próximo y a la vez tan lejano,
es el mar de mi infancia, la arena cálida,
la olas cansadas, días de aventura y soledad,
faros que convergen en un horizonte difuso.
Me desperté con su armonía, atardecí con su espuma
silenciosa, anochecí con el crepúsculo que dibujaba
en las colinas su color de púrpura y azul. Yo soy
todo bahía cuando paseo entre sus rocas y no pienso
en la voz de las sirenas que agachan su canto
bajo las rompientes, tímidas como un silbido
que nadie oye en la barbacana. Sí, hay un aroma
de fosforescencias, un rumor antiguo de barcos
que se alejan con el filo amargo de sus espadas
resplandecientes al sol. Aquí aún se escucha el eco
del berberisco que venció a sus demonios. Nada
importa si no te veo junto a mi corazón en calma.
El mar es un espejo de algas transparentes donde
viven los sueños clandestinos, con mi rostro
y mi ceniza de arcángel, con mi voz que brota
de la bruma prisionera de este oleaje amigo.

domingo, 4 de junio de 2017

El Minotauro asume su destino



Ni yo sé donde vivo. Hace tiempo perdí la oportunidad
de ser hombre, de vivir entre normas justas, arropado
por una familia, unos dioses, un sentir que me alumbrara.
Nunca vi a mi madre, de mi padre recuerdo la alta testuz
cuando le incitaban a la muerte, su heroica rebeldía
que yo heredé. Me he perdido en esta cueva sin alma,
he suplicado por un cielo que encendiera las estrellas
de mi ojos, quise que el hambre no me entregara una
y otra vez la piel y los huesos de víctimas jóvenes
sobre las que escribir un destino impostor. Vendrá
pronto la justicia que ató mi virginidad con hilos
de desventura, no lucharé ante la razón de la hostil
venganza, que lleve la gloria del héroe mi firma roja,
ese grito unánime que se multiplica hasta la efervescencia
de saber que el monstruo ha caído, que al fin el mundo
puede arrancar de mi pecho la savia negra de la ira.

viernes, 2 de junio de 2017

Lujuria y noche

Aún después de abrazarme a esta copa,
con el silencio de la última palabra
cuando los labios prorrumpen en sinfonías de incoherencia
llega la exactitud de la hora blanca,
el músculo del deseo
que germina en los ojos metálicos del neón.

Así, orillando nostalgias,
bajo el desliz de la lluvia,
derrotando hospitalarios hogares de noches insólitas,
al cónclave del alcohol y las náuseas
-también de la caricia, del metal
junto a la voz que subyuga, el cenit de una mirada
que encuentra un visaje de amor-
con mi historia y mi ansia llenos de ausencias
se precipita el ritmo de unos botines rojos
en la música sin pausa
de la nocturnidad fiera.

¿Es así la magia de dos sexos que naufragan
en un río común de narcisos y nieve,
incertidumbre que resolverá la luna
al posarse sobre su piel entregada?

Solo sé de esa luz
que jamás termina de nacer y morir
o morir y nacer
en su cuerpo febril,
en su flor de lujuria.












martes, 30 de mayo de 2017

Campanilla o la visita del hada



De pronto te muestras en la penumbra
de mi habitación solitaria,
ejerces el vuelo ambiguo de las mariposas perdidas
o la grácil astucia de las arañas
que viven en un reino de luz amorfa.

Sin rubor
como en una latitud ignorada
te desnudas sobre mis omóplatos
y te crees inmensidad
o al menos archipiélago salvaje,
ignorado-virgen tú-,
quizá dolorida por la amnesia de haber soñado
un bosque donde relucen las margaritas invisibles,
las fuentes, los mirlos,
las gallardas palomas
de plumas ávidas.

Te enorgullece ser imagen de aquel país de nunca jamás
oculto bajo los almohadones de los niños felices
y dibujas un augurio en los cristales de la imaginación,
en el amoroso cansancio de los labios
que sonríen después de acariciar ese brillo de estrellas
con que desentrañas la realidad
y la conviertes en ríos de lujuria,
de juegos o sinrazón.

Nunca dejes de volar junto a mí,
tus alas saben de mi piel suave,
tu transparencia habita esta memoria sin madurez,
la que vuelve a ti, a tu sorpresa,
al capricho que emana de la bondad desconocida
de la que eres artificio, pirueta de luz,
culmen que vibra hasta el confín de mi alegría
o de mi inútil sueño.

domingo, 28 de mayo de 2017

Entiendo tu dolor

Siempre fui un amante de las historias escondidas,
en un libro, en el aire, en un reflejo volátil. Todos
los veranos regresan los pájaros tras las nubes escarlatas,
se fijan en un ventanal, en un neón, en el libertinaje
de lo que ya no somos al transcurrir entre los ovillos,
entre las mariposas o los árboles que la noche enciende
cuando dibujan el andar oblicuo de lo perdido, la bajeza
amarga sin historias Tú, eres alguien que existe o no y es que pasa
el arco iris de un gesto tuyo igual que un rayo frío. Volverán
los trenes a la estación olvidada, allí espera el aliento de la añoranza
bajo la luz de la princesa herida. Qué del estallido de las hojas
fatalmente caídas si a mí me gusta el vuelo de su fe suicida,
tan próximo a ti y a tu razón lúcida.

viernes, 26 de mayo de 2017

Historia de un hombre discreto

Pueden ser las voces frías o la admiración de un padre,
cualquier gesto que crea la incertidumbre en la pisada
del niño que aún tantea el azar. Un latido que no suena fuerte,
una flor amarilla eternamente rota, las risas sin dirección
cuando la atmósfera es un ejercicio de olas que revientan
sin motivo.¿Fue el temor a la rebeldía o quizá la oscura
sinrazón de la luna que se pliega en su luz como la retráctil
espina que no fluye? Y así la juventud se vuelve un paso
vacío entre los yugos invisibles. Hay marcas que no alimentan
la piel, su sombra escoge los laberintos de un cuerpo vagamente
doblado. Tal vez no sea preciso vivir en el orgullo ficticio
de la nada, pero recuerda que tu inteligencia ha crecido,
que tus ojos pueden mirar al sol de los días con la certeza
de conocer su aliento, alimenta pues la raíz que mantienes
firme con los años que te han permitido volar hasta conocerte
a ti mismo, hasta la razón fiel que encierras en un puño
al que llamas experiencia, sentido y a pesar de todo probidad.

miércoles, 24 de mayo de 2017

La palabra enmascarada

Así en los símbolos al trasluz
se escriben metáforas de vida invisibles,
ecos que naufragan en el hoy
como huellas que mienten.

La voz es un gimnasta amargo,
las pestañas, el giro unívoco de los dedos,
el torso que alza su verdad y conmueve,
la mansedumbre de la palabra
que habita los segundos con máscaras y artificios
sin una raíz ni un músculo que abrace.

Estoy acostumbrado a la virtud oral
que envilece los mapas como humo frágil
o urbanidad fría
o educación que confunde un sentimiento
con la pluma que se eleva por no caer
entre las hojas húmedas
del árbol estéril.

Permite que la insolencia de esta añoranza
aún te vista con la atmósfera de los ríos impronunciables,
el lúcido ajedrez
donde una vez fui rey de sombras
bajo tus nalgas que se abrían como un cáliz
o un misterio.





lunes, 22 de mayo de 2017

La noche húmeda



Aquí está la lluvia,
lluvia amiga que se posa en mi abrigo
como la pluma del invierno,
como la escarcha que sube al cenit
se columpia y cae.

Voy hacia ti aún sin verte
mido la escala que tu cuerpo va dejando en las losas,
en el frío,
en la húmeda noche sin amparo.

Son las diez o tal vez no,
me miran los escaparates dormidos,
afuera en el haz de la luz
las gotas ríen al saber que te busco
como cierva o ave sin refugio.

Al frente el campanario de la oscura catedral
parece el índice enhiesto de un dios,
designio sin memoria que elige el canto oculto de las nubes,
la prisión de las estrellas
en la frívola oscuridad del silencio.

Un sonido,
la música tan humana que quiere ser vocal
y abre los labios y susurra un verso
o una melodía
o quizá la candidez de un saxo
que es como un río donde nada el deseo de amanecer
con el iris azul de tu pronombre,
con la sed clandestina
que todavía somos.

No intuyo si me esperas,
hay colores donde no vivo
y en los almanaques mi corazón no es para ti
luna ni mar.

Dejemos que el espacio sin límites
sea el jardín de las crisálidas,
que tu voz recorra los laberintos
en los que no sabré entrar,
que la sensatez dibuje en ti mi ausencia
como una cicatriz que nunca tocarás,
como la mirada que adivina un clamor
entre las heridas ocres del tiempo.

sábado, 20 de mayo de 2017

La cruz sobre la frente

Llaga, llaga en la inocencia.¿Por qué el vinagre de la culpa
en los oídos que aún esperan crecer? Un gusano habita en la memoria,
se alimenta de los juncos, vierte el ácido en las palabras inconscientes
como un artificio que corroe el silencio. Quizá algún día me expliques
el por qué una cruz que se desliza por la frente es una carga milenaria
de miasmas y miedo. Sé madre, sé padre, que vuestro aletear quiere
ser abrigo, una capa invisible que arrebuje la incomprensión y la duda
que sucede al dolor.¿Habéis visto el dibujo del ángel, él me protege igual
que un pájaro que busca mi sombra entre las sombras? Mi secreto
es no consentir en la mentira, no juzgo el pavor que encuentra cien
afluentes donde morar y escoge la inconclusa virtud de la ignorancia.
Dejadme que viva la paz que se enciende muy adentro, solo soy
una llama que resiste, un corazón que niega la calumnia infantil,
un hombre que camina hacia delante mientras sostiene entre
sus manos la blanca flor del olvido.

miércoles, 17 de mayo de 2017

El sol entra

Aquí en mi piel hay habitaciones en sombra,
escucho el infantil crujido de un colchón gastado
y dejo que parpadeé el sol de cada día en las paredes,
en el vértigo de las lámparas,
en el polvo estéril del silencio
que fluye hasta ti como un rocío de ángel.

Y continúa en el salón
que es un ventrículo
que bombea la luz hacia mí
y mi despertar blanco.

Hoy pienso en el misterio que recubría las caobas del dosel,
en la vieja cómoda de pino, los esmaltes y las arañas,
el hombre de noche que sucedía a la noche
y esa atmósfera donde vibraba la claridad
como un latido sin voz.

Todas las casas se vuelven igual que girasoles
hacia la bienvenida del albor,
así mi corazón se viste con las guirnaldas sencillas
de un sol que llega hasta mí
con su alfombra dormida,
su diapasón incandescente
o su réplica al por qué no intento disfrutar
de los minutos en que me abraza la luz
como una madre infinita.

lunes, 15 de mayo de 2017

Mejor que vivas en el recuerdo

Si te perfila el viento, yo no lo sé. O es la historia
de un intrincado laberinto donde la especie teje
un mosaico de piel y de glándulas, de armonía
o de abalorios que invitan a ser mil lunas en plenilunio.
Es posible que esas huellas se correspondan con esas otras
que imaginé y que para mí el unicornio siempre brille
(blancura y destino alzados al cielo)al verte en silencio
como una nube que pasa.¿Quién dirá que la belleza es un jardín
de flores inservibles, quién no consentirá con la nostalgia
de ver en la sombra de un después las llamas incandescentes
de un crisol? ah, sí!, hay un canon igual que existen medidas
de infinitud, y si de pronto una cicatriz de diosa recorre
los puntos exactos en que viví, qué diré yo, náufrago
sin isla, máscara que refleja la imagen fría de un espejismo.
No has envejecido, no te he rozado, no has sentido el tacto
de mis dedos en tu piel ajada. Será por eso que los adioses
del cometa aún silban a tu paso ignorantes de un hoy
que ya no quiere la realidad de tu vejez, la cortina amarga
que una y otra vez deslizas sin que nadie vislumbre tras ella
ni a ti ni a tu noche.

sábado, 13 de mayo de 2017

Un cuerpo que no es el tuyo

Al mar se llega desde un nombre. Se abre la voz
contra las olas y la mirada elige un cuerpo
entre otros cuerpos, grácil en su adiós de pájaro
que sueña islas solitarias donde espantar la luz,
playas infantiles de blancura hostil, tiburones mansos
como delfines ciegos que escucharan el latido de las sirenas,
un rumor de peces azules que viajasen hacia los faros
confundidos por el haz de una señal suicida. Y se va,
ese cuerpo se va, se esconde entre los acantilados,
se hunden sus pies en el agua salina de las charcas,
en el caparazón frío de los moluscos y ya es olvido,
un aire sin memoria que te nombra sin nombrarte,
un rastro que deja entre las algas el vértigo de tu piel,
la frescura de tu joven risa inacabada.

jueves, 11 de mayo de 2017

Ya no pienso en ti

La ciudad es un relámpago que huye,
en sus fachadas, en sus ríos y puentes,
en las plazas y los suburbios,
en los tejados en solaz,
acogido por cualquier esquina
que no me reconoce,
ajeno a las palabras y su estrategia
-el idioma era la nube, solo los cuerpos tenían labios y dulzor-
persiguiendo veranos en copas oscuras,
una sincronía
quizá de almas que empiezan a crecer
me acoge.

Escribía el mundo soliloquios blancos,
la risa se acostumbraba a ser vestido
y tu nombre caía en lazos de espuma
formando arias
o azules
en la humedad del silencio.

¡Qué fácil compartir el estupor de los días nuevos
cuando no existía la costumbre
y todo era semilla al sol de un despertar virgen!

Ya no pienso en ti,
pienso en la locura de los relojes
que estallan ausentes del simulacro
como serpentinas en un horizonte que se dobla y se extingue
antes de ver la luz.

No somos más que tiempo que desnuda la clepsidra,
su transparencia no es cruel,
se desplaza sutil como un caracol enfermo,
arrastra en su caparazón las horas ambiguas que vivimos
y esas otras que no fueron canción,
solo un rastro triste
después de una ceremonia
sin color.

martes, 9 de mayo de 2017

Del imposible olvido

Probablemente tú ya no seas tú
pero yo tampoco soy yo.

Sin embargo los lugares existen,
los mismos trenes llegan a su hora,
los calendarios transcurren
con la indiferencia que conocimos al regresar del tiempo
y ser la nostalgia del hoy.

Permíteme que mi palabra no descubra el ardid,
permíteme la luz insomne de la melancolía
en los raíles imperfectos de la edad.

Te hablaré como un niño habla a la flor,
sin mirarte,
solo aspirando el aroma de los pájaros
que huyen de este cielo sin huellas.

¿Qué fue del canto o de las pisadas que cautivamos,
qué de la gloria húmeda de inviernos
en que el amparo era múltiple
y tu presencia el hogar bendecido?

Es posible que ya no reconozcas nada,
el olvido es un monstruo azul
que se entretiene con las llamas del futuro.

Déjame decirte que visité mares sin espuma
-porque la espuma se revolcaba en una arena tejida
de rostros tan parecidos al tuyo,
tan reales como una fotografía del alma
o del sueño y yo no quería ya tu voz-.

Y si has poblado mis días
fue por la inercia de este volar sin horizonte,
un camino en el que los espejos se adueñaron del porvenir
y pasearon las gallinas del frío su estandarte melancólico
de memoria obstinada,
de infantil sudor que nunca cesa de manar
tras el abrazo dulce del silencio.









domingo, 7 de mayo de 2017

Drácula espera a sus verdugos



Ninguna de ellas me ha dado las gracias por la inmortalidad.

¿Qué importa el surco suave en un cuello virgen
si en el brote de la sangre un manantial de vida crece?

Perseguí el elixir en las caras febriles de la juventud
como una aventura invoqué al ciervo blanco
que abre las puertas del infortunio.

Dejé como cadáveres hambrientos a las ninfas de la sed
-todas ellas vigorosas y dulces, neutras y dóciles-
sin esperar más que la demora
en los ojos que sufren.

Quería un coro que cantara a la muerte y a la vez a la vida,
voces tenues, hembras sin vestidos
entre candelabros heroicos, un desorden
donde se dibujara la iconografía de los satélites,
su resplandor en el ocaso
de las infinitas noches sin luna.

Todos mis latidos ignoran el misterio de la luz,
yo me entrego a la magia y al sacrificio de un dios antiguo,
sé que fluye en mí una crueldad ciega
desde la inocencia hasta la voz
que madura el destino en episodios sempiternos
de ambición y crepúsculo.

Aquí está mi pecho rojo
donde late la verdad de lo perpetuo,
anclaros a vuestra esencia sin esperanza,
dueños de un tiempo de podredumbre
que ya os devora.

Chillan los murciélagos mi fin,
baten sus alas negras hacia un cielo estéril
donde ya no existe la eternidad de mi abrazo,
el amoroso perfil
de un colmillo sin alma.

viernes, 5 de mayo de 2017

In Memoriam

A mi hermana, Elena, que ya no está

Cómo volver a lo no sido.

Ausencia más que historias(juegos bajo la camilla
donde tú eras la deidad y ninguna la sombra),
episodios que hacen que la desnudez
no escriba la verdadera mansedumbre,
un gesto de rebeldía
cuando la pubertad se anuncia en los pómulos
que han destejido el pudor.

No recuerdo más que trazos invisibles,
no estás, ni estoy,
es como una niebla el tiempo común
tan frágil, tan diluido y roto.

Llorabas por el vestido académico
que te abría la posibilidad del futuro
y fue aire el camino que entonces emprendiste
lejos de nosotros
hacia la razón de una ciencia infinita.

Pero la vida guarda témpanos
bajo el carmín de los días.

Y guarda el eclipse que un alma joven no sabe ver
porque amanece en la entrega y en la luz.

La decepción es una corona negra
(¿dónde las dalias del dolor encendieron en ti su locura?)
que te viste sin esperar las noches que asoman
en la lentitud de tus manos.

El pensamiento urde trampas mortales,
su alquimia se bebe como un veneno
y no deja rastro de añoranza.

Una vez me pediste la moneda del refugio y mí cobardía dijo no.

Perdóname pues no supe entender el grito
que se escondía tras la mecánica de un teléfono.

Me gustaría rescatar la luz para ti,
que fueras la flor nueva que resplandece hasta morir,
no de duelo sino de eternidad,
no de sangre sino de armonía y cántico
en todas las voces que te nombran.

miércoles, 3 de mayo de 2017

El adiós

De pronto somos lo inevitable, palabras que se engarzan
en un enero perdido. Apetece el refugio de un café, el misterio
de sentir tu cuerpo que escribe en la luz el soliloquio póstumo.
Pasará la noche con sus ángeles sin rostro, vendrá el mañana
con la raíz de la costumbre y los compromisos heredados.
Quizá el miedo- o la simpleza de conocer la orilla de un desliz,
la modulación de las frases, el eclipse de un hechizo acobardado-
rompa al fin la esperanza del para siempre. Como en un espejo
te veo marchar hacia el adiós y no digo nada.

lunes, 1 de mayo de 2017

La espera



Yo sé que la espera es un círculo de horas.
Revuelvo la nube del café, una y otra vez
la cuchara profundiza en el vientre líquido
como si tocara el músculo de un corazón
y pretendiera dibujar en él la música de un entendimiento
o un sinsabor.¿Qué será si la palabra aún no ha amanecido,
si frente a mí un cuerpo no interroga su sentir, si en el fiel
de esta taza nadie escribe una voz? Espero y el color del café
ya no me escucha, el cristal se vuelve hacia mí como un árbol nocturno
que reclamara con su sombra un sueño. Pronto en el nido que es este bar
solo cabrá la penumbra, continuaré aquí porque la verdadera compañía
exige ángeles dormidos. Me bebo la soledad de este café,
amargo y dulce como la misma vida.

sábado, 29 de abril de 2017

Tu sombra

Cómo alarga su sombra el día.

Así el dibujo de unos cabellos
que van y vienen como guiños de azar.

Palpo la infantil esencia de una rama de acebuche,
su orgullo o su sed se estiran hacia la luz
igual que lenguas amantes.

Qué de esa cómoda
cuyo rostro de caoba me acompañó hasta aquí
o el cristal donde se refleja la decadencia de mi cuerpo
ayer sol y hoy baldío.

En la habitación el silencio arrebuja el hambre de las telarañas,
ya sé que falta el paso leve de tus piernas,
el místico albur de tu partida.

Por fin la costumbre vive en soledad
pero recuerda cuántos amaneceres nos conmovieron,
recuerda los desayunos
en que mi presencia y la tuya
formaron un nudo de felicidad
y ansia.

Como proyecciones en una pared eterna
desfilan los momentos de la luz,
somos tú y yo las figuras que tiemblan
en el mosaico de la memoria,
no dejes que se apague la llama unívoca
de la que nacen
las flores azules de la añoranza.

Y aquí sigo contemplando cómo crece el día,
cómo reviven los sueños,
cómo la vida me enseña
que no hay lucidez más allá de ti,
de tu sombra omnisciente
y a la vez, frágil.

viernes, 28 de abril de 2017

El niño eterno


A mi primo José que padecía síndrome de down

El árbol débil tiene raíces profundas. Un amor constante
de abrazos inconclusos, la voz que ríe en sus adentros
como si la vida fuera el roce de un ángel tras los labios festivos.
Quisiera comprender la astucia blanca de sus sueños,
quisiera la gratitud que abre sus alas a la proximidad
y nunca destruye la luz. Quisiera la baraja donde
no existen reyes cuando las manos comban los símbolos
y no hay naufragio, solo el tacto que se acostumbra al silencio.
Recuerdo la manera invencible de cantar las canciones,
los muñecos de plástico que nunca abandonaron sus dedos,
la risa noble igual que un don entre las horas sin refugio.
Aprende a vivir en la semilla si amas la ingenuidad
de los infantes. Hay en la extrañeza flores de melancolía,
para mí no, para mí el paraíso siempre amanecía con el fragor
cálido de su ternura, bienaventurado José que morarás
conmigo entre las olas sin regreso de la niñez perdida.

miércoles, 26 de abril de 2017

La ingenuidad del poeta

Todo poema es una mentira porque la palabra jamás
podrá explicar la luz. Metáfora de la luz el símbolo,
la estructura virgen de una frase, los delirios de pintar
en versos la inmanencia. Todo poema evacua sombras,
imágenes heredadas, soliloquios envilecidos por el orgullo,
ecos que nos recuerdan las rodadas de un carro antiguo.
Escribiré sin la pupila del ayer en mis hojas limpias,
inocente como un niño que aprende a borrar sus sueños
en la pagina absurda de los días. Irreal como quien
habla de sí con la voz de un trueno que siempre llega tarde
a la consciencia, al misterio y al olvido.

martes, 25 de abril de 2017

Cuando el cuerpo de un niño se forma

Yo no sé cuál fue la estrategia del vampiro.

Como un fantasma negro rasgó mis mejillas
con sus garras sin color.

Después la voracidad de los monstruos
de invisible arquitectura
me poseyó igual que dromedarios ansiosos
en un oasis perdido.

Cuando un cuerpo se yergue
todos los átomos del porvenir estallan en círculos de luz,
es el crecimiento de los músculos,
la sincronía del corazón,
el numen que encuentra un sentido en los arrabales,
también en las cosas sencillas que maduran sin querer.

Y llega la rebeldía de una juventud proscrita,
allí los paraísos son blancos: el amor, la inteligencia,
la similitud gregaria de los encuentros infinitos,
el alma breve de quien transcurre
como un planeta olvidado.

No han podido los sueños escribir mensajes sin máscara,
tú lo sabias
porque en las rodillas del futuro siempre estabas en flor,
tan alejada de las horas,
del hoy,
del ayer y su melancolía.


Y al fin las voces gimen en un cauce común,
no recuerdan otros episodios,
su latido unísono es inmortal, crea vidas,
construye un mañana donde mirarse en la edad,
una indolencia que compartimos desde la casa que nos habita,
hasta el fin,
hasta ya no ser nosotros
ni nadie.

viernes, 21 de abril de 2017

Este poema te recuerda

Nada importa si un sueño tiene alas, alas adormecidas
como un arco iris de nieve. Porque el horizonte es hermoso
y no hay silencios de infertilidad, porque cada palabra
es un eje en el que el mundo se mira para no volver a la sed.
Abrázame con la calidez de tu nombre, ocupa este espacio
que convertiremos en paraíso, habla como si un símbolo
fuera táctil y cien mil espectros transitaran nuestras manos
en un carrusel multicolor. Así es la juventud cuando no existen
espejos ni tampoco la ignota mirada del futuro. No permitas
que el tiempo mate el estallido de tu voz, mi orilla sigue seca,
tu rostro amaga cada vez que pienso en lo que no dijimos,
en ese astro que jamás ejerció su vocación de luna.
Creo que existen caminos entre la plenitud y la rosa vieja
del olvido. Son mi amparo, más allá de la cruel vigilia
de los días que nunca vuelven al sol de un mar sin islas,
porque temen su quemazón, la herida de las luces muertas,
la falsa quietud que sobrevive en el reverso de un poema.

miércoles, 19 de abril de 2017

El tiempo de la posibilidad es el tiempo de la nada

Sí, porque nadie escuchó esta voz tan limpia,
la voz del niño que jugaba entre cartones sin saber
que el tiempo es una oración inversa, un cartabón
que no traza lineas blancas, una cruz donde viven
los juguetes perdidos, el ángel terrestre que maquilla
su bondad con girasoles prestados por un desliz,
la alcoba sin mar, el oscuro pálpito de las golondrinas
cuando sueñan cielos ocres y se abalanzan hacia el desdén,
casi muertas, como un catafalco vacío o una singladura
extraña, loca, herida por el recuerdo de no haber sido.

lunes, 17 de abril de 2017

Los desastres de la guerra



Entre cáñamos el aullido surge.

Una boca en silencio, las casas sin pretil,
el ejemplo de un hombre que no cree en el futuro,
la cruz indivisa de un epitafio.

¡El color, sí, el color vive en el ocre!
tú llamas a los corazones heridos por el llanto
y yo llego a la pantomima de los relojes que no callan,
al bies de un ejército vestido de nubes
o a un recuerdo entre fusiles
como nieve sin alma.

Y dentro una vena o la caries de los gusanos.

El sol retorna al abismo
y encuentra la sed de los infantes,
el soliloquio amargo de los puentes invisibles,
la caída de un obús entre el odio y la penumbra.

¿Y la noche, cuando los niños se aventuran
y las iglesias invocan podredumbre,
cantos prohibidos bajo el furor de las banderas?

Son diez metros hasta la fuente,
son palabras que no quieres decir
porque los pájaros celebran el convite de los nidos aciagos
mientras las fachadas del dolor
se encumbran hacia los ecos que invaden la sierra,
los campos, las memorias que sufrirán.

En lo lejano una colina escupe el dinástico desdén
con su metralla inconmovible,
objetos cuya lluvia de polvo enferma pieles blancas,
rojos gritos de sangre.

Dicen que los fantasmas asoman bajo el ladrillo ausente,
no es ausente la palabra que se escribe como una flor inversa
a la sazón de un tiempo sin paz.

He visto brezos colorearse como cirios
que atesoran una luz de cometas.

La vida muda más allá de la vida,
cualquier paraíso es un devenir al antes del ser.
Allí todos somos iguales,
tu Adán es el mío, tu Eva es la mía,
gloria a esa edad neutra
donde se alzan las margaritas que una vez compartimos bajo un sol feliz.

sábado, 15 de abril de 2017

Los paisajes

Como venas de un cuerpo que no es el mío.
Como pústulas de color o retales que se cosen
a una piel huérfana. En el silencio de los pájaros
que cruzan colinas, lomas, barrancos sin voz.
Con la estrategia del agua cuando en filo se alza
y cae con su cabellera plomiza sin ver la múltiple
sed de los insectos, ni sentir la locura de un árbol
que va perdiendo la fértil faz de las horas. Sin
el bucle de la vid ni el zarcillo blanco en flor,
sin la roca que ya es un espejo en la lejanía
o un vestido ocre y duro como una verdad.
Así la luz que me habita, el tránsito de un río
ajeno al dolor, a la ceniza y a la noche. Todos
los paisajes acaban y empiezan en mí.

viernes, 14 de abril de 2017

Pequeña oda a la paz

Si hablar fuese un perdón
qué de muertos no existirían.
Hágase palabra la paz, una frase
de sol y luna. Un tiempo en el que vivir
sea la magia de entenderse, rostro a rostro
igual que las piezas un perdido puzle
sin patria.

El accidente

Todavía las luces se están quemando en mis pupilas.
La noche de piedra me habla y estás tú, que ya no
eres pretérito sino un puente de marfil hacia la locura.
Apareciste como bosque de espejos,
ciega, insolente, anónima fue la primera palabra,
después los escarceos de un duende con mallas rojas
y pirañas que salían de libros para amanecer cotidianas en tus pechos.
¿Por qué recuerdo esa noche de cristales, de ciclones y teatros erguidos?
La felicidad es un meteoro, guiña los ojos, maneja ardides de vieja
y me enseña flores en huecos blancos como un mago el racimo de tu carne roja.

Es tarde, siempre es tarde cuando hablas y yo estoy aquí asegurándote
que el magnolio se revuelca entre deseos,
que aquellas bocas regresan de una batalla de sueños,
que por un momento los búhos recitan tu nombre
y ese ulular cae como lluvia en mis manos abiertas.
No recuerdo bien los números, los lugares son amarillos,
imagino el humo vertiéndose en el halo de un faro ausente,
hay un punto de orgullo mas allá de las mesas de mármol
cuando me dices que no soportas los cantos de guerra ,
que estás harta de huir de los vértices de tu cuerpo.

Salir, retornar, vivir, tocar la rugosa piel de un árbol
del que ignoras su memoria, huir de la voz de los muertos(todo está muerto,
las pisadas hacen el camino de vuelta, el mar es un ojo seco, gelatinoso, inútil),
cinco güisquis, tres oportos, sólo para pronunciar ese arlequín de letras
que nos lleva a la herencia indómita de una chispa de fuego.
Volveremos, no lo dudes, a la piel lisa de los días perfectos,
pero no ahora que bajamos por calles de inmundicia,
comercios pequeños como pupilas de invierno,
letras en los rótulos(enfermas, demacradas),
orín en las cerraduras, arañas comiéndose el tiempo
y el mar haciendo su nido de azabache en el ángulo obtuso de tus senos.

Ahí está nuestro coche, amor, subamos al ruido de dos cuerpos que se hieren,
abre tus párpados, muerde en el centro, en la espina dorsal de mis miedos,
condúceme al odio, dame vida, ¿qué pasa en los cristales?,
dragones mueven mis brazos, tú me preguntas por aquel sueño
que se levanta intacto en los labios, iremos al teatro, lo juro, como lobos
iremos, porque la vida real sólo quiere rosas de ceniza en las venas,
un golpe de tiniebla, miríadas de lágrimas cristalinas golpean tus mejillas,
qué miseria de jardines, qué dolor de preguntas si es la sangre
una moneda de garfios relucientes, y ese cuerpo anónimo tendido en la niebla,
y nosotros llorando, y esta mierda de azar que se vuelve oscuro
en la lengua.