viernes, 28 de abril de 2017

El niño eterno


A mi primo José que padecía síndrome de down

El árbol débil tiene raíces profundas. Un amor constante
de abrazos inconclusos, la voz que ríe en sus adentros
como si la vida fuera el roce de un ángel tras los labios festivos.
Quisiera comprender la astucia blanca de sus sueños,
quisiera la gratitud que abre sus alas a la proximidad
y nunca destruye la luz. Quisiera la baraja donde
no existen reyes cuando las manos comban los símbolos
y no hay naufragio, solo el tacto que se acostumbra al silencio.
Recuerdo la manera invencible de cantar las canciones,
los muñecos de plástico que nunca abandonaron sus dedos,
la risa noble igual que un don entre las horas sin refugio.
Aprende a vivir en la semilla si amas la ingenuidad
de los infantes. Hay en la extrañeza flores de melancolía,
para mí no, para mí el paraíso siempre amanecía con el fragor
cálido de su ternura, bienaventurado José que morarás
conmigo entre las olas sin regreso de la niñez perdida.

miércoles, 26 de abril de 2017

La ingenuidad del poeta

Todo poema es una mentira porque la palabra jamás
podrá explicar la luz. Metáfora de la luz el símbolo,
la estructura virgen de una frase, los delirios de pintar
en versos la inmanencia. Todo poema evacua sombras,
imágenes heredadas, soliloquios envilecidos por el orgullo,
ecos que nos recuerdan las rodadas de un carro antiguo.
Escribiré sin la pupila del ayer en mis hojas limpias,
inocente como un niño que aprende a borrar sus sueños
en la pagina absurda de los días. Irreal como quien
habla de sí con la voz de un trueno que siempre llega tarde
a la consciencia, al misterio y al olvido.

martes, 25 de abril de 2017

Cuando el cuerpo de un niño se forma

Yo no sé cuál fue la estrategia del vampiro.

Como un fantasma negro rasgó mis mejillas
con sus garras sin color.

Después la voracidad de los monstruos
de invisible arquitectura
me poseyó igual que dromedarios ansiosos
en un oasis perdido.

Cuando un cuerpo se yergue
todos los átomos del porvenir estallan en círculos de luz,
es el crecimiento de los músculos,
la sincronía del corazón,
el numen que encuentra un sentido en los arrabales,
también en las cosas sencillas que maduran sin querer.

Y llega la rebeldía de una juventud proscrita,
allí los paraísos son blancos: el amor, la inteligencia,
la similitud gregaria de los encuentros infinitos,
el alma breve de quien transcurre
como un planeta olvidado.

No han podido los sueños escribir mensajes sin máscara,
tú lo sabias
porque en las rodillas del futuro siempre estabas en flor,
tan alejada de las horas,
del hoy,
del ayer y su melancolía.


Y al fin las voces gimen en un cauce común,
no recuerdan otros episodios,
su latido unísono es inmortal, crea vidas,
construye un mañana donde mirarse en la edad,
una indolencia que compartimos desde la casa que nos habita,
hasta el fin,
hasta ya no ser nosotros
ni nadie.

viernes, 21 de abril de 2017

Este poema te recuerda

Nada importa si un sueño tiene alas, alas adormecidas
como un arco iris de nieve. Porque el horizonte es hermoso
y no hay silencios de infertilidad, porque cada palabra
es un eje en el que el mundo se mira para no volver a la sed.
Abrázame con la calidez de tu nombre, ocupa este espacio
que convertiremos en paraíso, habla como si un símbolo
fuera táctil y cien mil espectros transitaran nuestras manos
en un carrusel multicolor. Así es la juventud cuando no existen
espejos ni tampoco la ignota mirada del futuro. No permitas
que el tiempo mate el estallido de tu voz, mi orilla sigue seca,
tu rostro amaga cada vez que pienso en lo que no dijimos,
en ese astro que jamás ejerció su vocación de luna.
Creo que existen caminos entre la plenitud y la rosa vieja
del olvido. Son mi amparo, más allá de la cruel vigilia
de los días que nunca vuelven al sol de un mar sin islas,
porque temen su quemazón, la herida de las luces muertas,
la falsa quietud que sobrevive en el reverso de un poema.

miércoles, 19 de abril de 2017

El tiempo de la posibilidad es el tiempo de la nada

Sí, porque nadie escuchó esta voz tan limpia,
la voz del niño que jugaba entre cartones sin saber
que el tiempo es una oración inversa, un cartabón
que no traza lineas blancas, una cruz donde viven
los juguetes perdidos, el ángel terrestre que maquilla
su bondad con girasoles prestados por un desliz,
la alcoba sin mar, el oscuro pálpito de las golondrinas
cuando sueñan cielos ocres y se abalanzan hacia el desdén,
casi muertas, como un catafalco vacío o una singladura
extraña, loca, herida por el recuerdo de no haber sido.