lunes, 15 de enero de 2018

Nunca supe decirte

Nunca supe decirte lo que quiero.

Tiembla la raíz de mi palabra
y no sé a qué conduce el estallido.

Pienso mi nombre y después el tuyo,
la verdad enciende un sol
que no ilumina mi caricia,
el pensamiento es un ave que olvida mi ser
y se anuncia en un crepúsculo de sombras.

Nunca he sabido del dulzor de una frase en tu seno,
mis llaves son preguntas,
mi selva cruje con los adioses muertos.

Quiero decirte que la noche no fue amarga,
al contrario, luces y cometas,
cristales encendidos iluminaron el instante
como luciérnagas de eternidad.

A menudo el acertijo de los dos cuerpos
se acompañó de una sílaba,
entonces el meteoro de un suspiro
levantó una vocal
hasta el equinoccio
donde viven los amantes
que una vez fuimos.

Mis versos se columpian
en la llaga ambigua de lo no dicho,
perdona esta herida
que en su reverso quisiera
un paraíso
o una piedad.

Te hablaré algún día
con la rosa de todos los silencios en mi lengua
para que te abras a mí
y los dos seamos un círculo perfecto
que se reescriba eternamente
en la memoria
de las huellas unívocas.

sábado, 13 de enero de 2018

Hasta aquí has llegado

En qué lugar ese sur que nunca habitaste.
Siempre el camino trizado es un yugo,
siempre los ecos lían aludes en los brotes
que se alzan hacia la luz. ¿Y dónde estás tú,
si no te conoces, si tus pasos fueron pisadas
de pájaro en un alambre roto? Ha sido
largo el devenir hasta la consciencia de los
árboles de piedra y el silencio exhausto.
¿Qué es lo que vive en ti, sino el recuerdo
de las horas perdidas? No busques el pronombre
en una sílaba, es un azul el rostro ambiguo
de la pregunta aciaga. ¿Si hubiera vuelto el ayer
desde el hoy, no se anclaría, igual que una
voz sin alma, tu pensamiento, y al fin serías
el cisne que sueña con volar y no puede?

miércoles, 10 de enero de 2018

Mirar la nieve

¿Por qué su estructura tan núbil,
su beso que ama el silencio?

Se agota como un grito en la niebla,
no admite más que la armonía,
el vuelo displicente de un suspiro.

Morirá en la huida,
en el roce de la solidez,
en el callado gesto de esa brizna de sol
que renace.

Pero qué hermoso el adiós de su fragilidad.

Cuando miro la blancura tenue
me acuerdo de la imposible resurrección de nosotros,
el ángel níveo que fue un instante de luz
donde las palabras exhibieron un resplandor
y los labios, la proximidad y el deseo
nos traspasaron con su efímera canción
de solsticio.

Así la nieve que roza los mundos
y cae igual que un anillo de agua.

Nunca sentí otra voz que la piedra,
sin embargo hoy resucita en mí
toda la quietud añorada de saberme lucidez en el tiempo,
copo que no renuncia a ser meteoro
que se funde bajo las horas blancas del olvido,
como tú y como yo
en un ayer sin memoria.

lunes, 8 de enero de 2018

Una vez fuiste tan joven como él

Ya no recuerdas el arco iris en tu vientre
ni la rebeldía como un títere que arrojara
fuera de sí su esclava inercia. Tu instinto de madre
se ha vuelto opaco, ejerces desde la altitud estéril
o desde las heridas que no has sabido entregar
al tiempo. Juzgas con la espalda encorvada
el giro de los alevines, sus cabriolas en el aire,
su necesidad de engullir a sorbos la vida para
así nadar en su raíz. Desnuda de ti la edad, vuelve
al seno de la juventud y, después, háblale al hijo
de igual a igual, los dos bajo la inocencia de
entenderse a la luz de las frágiles notas de una
felicidad fructífera que, juntos, aún podéis construir.

martes, 2 de enero de 2018

La permanencia de las cosas

Tantas veces pasó mi cuerpo
junto a su estéril mutismo,
por qué la mirada escoge
el silencio de las aristas,
la dulzura insólita del cristal,
la madera sobre la que nadie escribió un nombre,
las sillas vacías,
cualquier vestigio que muestre las palabras olvidadas,
un acto de amor, el recogimiento de la duda,
de la inseguridad y del pálpito.

Mis cosas penetran el amanecer
con letras nunca escritas,
mis cosas se vuelven cicatriz de caracol
que asoma en el desprecio
como banderas falsamente arrumbadas.

Son los años el ave que picotea la estólida máscara
que día a día esconde una frialdad
ajena a los relojes,
a la fúlgida virtud del metal,
el insoslayable aullido de los recuerdos
que crían telarañas en cajones olvidados,
la representación que habita en las pupilas
cuando recorro con mis yemas oscuras
la luminosa faz del secreter.

Tan ajeno a mí
este soliloquio de plantas en flor,
la dulzura de los termómetros
que contradicen la vida y la muerte
tras este espacio mínimo en que los minutos se confunden
con la luz que se posa, insecto lúcido,
sobre el polvo blanquecino de las cómodas.

sábado, 30 de diciembre de 2017

El espejo

Un solo espejo es testigo de tu paso.

Queda atrás la imagen etérea que dejaste,
fugaz en su huida,
consciente de que la realidad no vive
dentro de la mirada frágil del cristal.

Al amanecer de la duda,
bajo la insegura razón de la juventud,
tu rostro quiso penetrar
en la extrañeza de una mueca
o en la inmóvil fragilidad
de un pensamiento.

¿Quién no ha entendido
que en el azogue hay una condena
tras la que el tiempo se vuelve metal,
y tú, carne que, lentamente,
se marchita?

Tu madurez calla
cuando la noche viste tu faz
con el misterio de los sueños perdidos
y quieres recordar, eternamente, el pasado
como si aún fuera posible
volver a la semilla que traspasó la luz
en un momento
de incrédula felicidad.

Quizá sea mejor
que solo atisbes el tránsito de tu silueta
en los vidrios más oscuros
o en las calles donde sea borrosa tu figura
de hombre que camina en silencio.

Serás, así,
permanencia en la memoria
del abandonado espejo,
corazón que late en su infinita quietud,
lámina invisible en un centro
que ya no podrás desdoblar
con tu irreal luz.

viernes, 29 de diciembre de 2017

A los dieciocho años

El mundo no es pequeño,
tú lo sabes.

Lo sabes porque los días se muestran ante ti desnudos,
las noches se visten de color
y lámparas azules,
el tiempo es un abrigo de aire
que tendrás que ocupar,
la vida un suburbio que empiezas a recorrer,
al fin, como perro infiel.

¿Qué harás con el desliz de las horas,
será la razón todavía una bandera sin voz,
caminará el deseo a tu lado
como un amigo o una luz que protege?

La ciudad es tu abril,
el mañana la sonrisa que se dibuja
en los labios de una mujer-niña,
el río la vena donde admiras
el fluir eterno de tu rostro.

Para ti no hay más que un presente sin mapas.

Porque el mundo no es pequeño,
pero eso tú ya lo sabes.